¿Qué quieres mejorar?
El plan comienza con una prioridad reconocible: sostener mejor la intensidad, moverte con más calidad, ganar velocidad en acciones breves o recuperar con criterio. Elegir un foco evita que cada entrenamiento compita por tu atención.
¿Con qué tiempo y energía cuentas?
La frecuencia real importa más que una semana ideal. Se consideran tus días disponibles, la cercanía de los partidos, el trabajo y la fatiga acumulada. Una sesión posible y bien ejecutada aporta más que una rutina perfecta que abandonas a mitad de camino.
¿Cómo está respondiendo tu cuerpo?
La misma carga no produce la misma respuesta cada semana. Por eso el método combina una estructura previa con señales posteriores: energía, dificultad percibida, molestias y calidad del movimiento.